domingo, 1 de febrero de 2009

Fernando Castillo Velasco al recibir el Premio Bicentenario de Arquitectura

Premio Bicentenario 2008
Stgo. 3 de Diciembre del 2.008.
Excelentísima. Señora Presidenta de la República,
Mil gracias por la cariñosa acogida que me brinda al hacerme parte importante de esta ceremonia en la cual, la Comisión Bicentenario , la Corporación del Patrimonio Cultural de Chile y la Universidad de Chile me han distinguido con el Premio Bicentenario 2008.
Por cierto que no me considero merecedor de tan alto elogio a mi persona.
Sin embargo, no puedo sino sentirme pleno de una emocionada alegría al pensar que un Jurado, idóneo y libre para elegir, se haya fijado en mi nombre, entre muchos otros, para otorgar un reconocimiento a una larga trayectoria de vida tan plenamente vivida y que no ha tenido otra trascendencia, que haber podido, siempre, elegir el camino de la honestidad y la lealtad para con uno mismo y para con los demás.
Por otra parte, pienso que, de alguna manera, mi vocación y profesión de arquitecto ha debido influir en la decisión del Jurado, pensando que, dentro del grupo de los diez Premios Bicentenario que se habrán otorgado hasta el año 2.010, era importante un representante de la arquitectura, por la decidida participación que nosotros tenemos en la construcción de las obras que van marcando como verdaderos hitos, el paso del tiempo, dejando constancia con ellas del avance en los planos de la cultura, la ingeniería y la arquitectura.
Sin embargo, ese rol, no puede ser motivo para que nuestros únicos anhelos sean la generación de monstruosas ciudades, cementerios o desiertos de hormigón armado donde circulan las muchedumbres silenciosas. No podemos, tampoco, aceptar el trabajo como una dura imposición, que destruye las hermosas vocaciones que todo ser humano lleva consigo. Así como tampoco es aceptable pensar que, para corregir el atochamiento de automóviles en la ciudad, se use el camino de perforar cerros, hacer túneles bajo los ríos y adelgazar las veredas por donde, antes, paseaba el peatón.
Es la arquitectura, mirada como la obra del pueblo, parte importante en el camino de la redención humana. Cae pues, sobre los arquitectos una parte en la responsabilidad de la construcción de una sociedad, donde primen los valores de la calidad de la vida sobre la cantidad de objetos y cosas que nos obligan a poseer deshumanizando, con ello, nuestras vidas para hacer del automóvil el protagonista de la ciudad.
Pero, más allá de las construcciones, por espectaculares que ellas sean, lo más importante, para marcar en el recuerdo colectivo los años que vamos cumpliendo como Nación de vida independiente, son los valores de la convivencia, de la solidaridad y del sentimiento profundo de pertenecer a un pueblo que valora su propia y autentica cultura y que va dejando marcas imborrables en su alma, que se constituyen así, en el principal patrimonio que se nos entrega para construir nuestra historia y transmitir el mejor legado que podemos dejar a las generaciones venideras.

Esta tarde, en que ustedes me acompañan bajo este techo que cubre como un manto protector a todos los habitantes de esta tierra, y me expresan afecto y comprensión hacia lo que yo haya podido realizar, siento la necesidad de clamar ante ustedes para que todos los chilenos nos aboquemos a una necesaria tarea:
Reencontrarnos con actitud más generosa y constructiva, entendiendo con toda su fuerza, que el interés colectivo es más importante que el interés individual; sabiendo que el gobierno que nos hemos dado fue elegido por nosotros, no para que sea el autor y responsable de todo, sino para que abra los espacios a la participación y los compromisos y responsabilidades. Con sinceridad, creo que usted Excelentísima Presidenta, lo ha intentado mil veces y jamás ha recibido una respuesta elevada y comprometida. En cambio, ha recibido mensajes odiosos y destemplados que poco aportan para abrir los caminos. Desgraciadamente estos gestos son resabios de una cultura que se nos impuso y que ha sido arduo y difícil erradicar en los casi veinte años que llevamos de vida en democracia.
Sobre todo, debiéramos enviar un mensaje al sector de la política partidista para que sus miembros expresen, siempre, en sus duros debates, que cada cual sabe respetar y entender que está allí como mandatario de una posición política que se manifestó en las urnas cuando fue elegido. No cabe, pues, dar saltos en el aire y declararse rebelde para, aparecer con posturas rupturitas con el aparente propósito de sobresalir dentro de su medio y aprovechando de una supuesta incultura política de de la gente emerger como un líder carismático y atractivo.
Este debiera ser un mensaje que miles de chilenos pudiéramos enviar a los políticos y sus organizaciones para intentar un cambio en la conciencia, de los valores que hay que defender, y no llevar el ejercicio de la política a desprestigiar a los adversarios y a no respetar a las autoridades que gobiernan,
Así, la celebración del Bicentenario significaría una verdadera revolución cultural en que todos nos haríamos parte de un desafío de imaginación y de honda solidaridad para hacer un llamado masivo y popular que propusiera enmendar el camino hacia el reencuentro con una vida política sana, rigurosa y patriótica, por parte de los protagonistas de esta disciplina y este quehacer tan vital para el desarrollo de nuestro pueblo.
Porque, ¿Qué mejor manera de celebrar el Bicentenario de nuestra patria como Nación libre y soberana que hacer el mayor de los esfuerzos para unir más vitalmente el espíritu de los chilenos en un solo haz de voluntades dispuestas a preservar los valores de la hermandad como la suprema conquista que marque el inicio del tercer centenario, con un significado aún mayor que el que puedan tener las obras de ingeniería y arquitectura que podamos dejar como legado a las generaciones nuevas que van surgiendo con sus propios anhelos y nuevas esperanzas.
Pienso que al venir ustedes aquí, quieren con ello expresar, más allá de los confines de un homenaje, una grave preocupación, una búsqueda de futuro y una voluntad creciente de participación en el destino de la Patria
Porque ya aprendimos una vez que no se enajena la democracia ni por retazos , ni por tiempos fugaces, Se le va al pueblo de las manos toda entera, y por tiempos que serán , siempre, demasiado largos, tristes y onerosos.
Nosotros tenemos el deber de comunicar que sentimos y valoramos a Chile de otro modo, que nos unen, por encima de nuestras alternativas y nuestras trayectorias, una misma voluntad democrática, un mismo rechazo a la violencia y la represión, una idéntica valoración del legado político y de su cultura abierta, pluralista y tolerante.
Yo creo tener el derecho para decirles a ustedes – estimadas amigas y amigos - que creo de la más grande importancia recuperar plenamente para Chile el valor y los ideales de la democracia y de las políticas que de ella surgen y que, hasta ahora no hemos sido capaces alcanzarlas plenamente.
Termino, pues mis palabras que no contienen más que la escasa sabiduría que he podido acumular en mis noventa años de vida.
Pronunciarlas en este ámbito tan especial por su presencia, Excelentísima Señora Presidenta y con la concurrencia de todos ustedes, incluyendo a mis colegas del colegio de Arquitectos y del Ministerio de la Vivienda, que como he sabido, postularon con éxito mi nombre para recibir el honor que ahora estoy recibiendo.
A todos ustedes les entrego mi postrer mensaje de gratitud y amor.




Fernando Castillo Velasco