Detrás de cada fortuna hay un crimen, reza el dicho. Y parecer ser que en esta historia inconclusa del transantiago esa máxima se cumple en todas sus letras, ya que en sus inicios, el plan estrella de la Concertación se veía color de rosa. La disminución de la contaminación acústica, del smog, de los accidente y de los asalto, a lo que se sumaba la excelente imagen de Iván Zamorano, presagiaba un quinto gobierno de la Concertación. Atrás parecía quedar la formidable campaña mediática de desprestigio político ejecutada por la derecha a propósito del caso Chiledeportes.
Por eso, ya desde el primer día los medios de comunicación ligados a la derecha comenzaron a bombardear a la opinión pública con noticias negativas. Radio Bio Bio, el diario Las Ultimas Noticias y Chilevisión, exacerbaron los ánimos resaltando los puntos negativos del nuevo sistema de trasporte. Desde luego que los errores de diseño, unido a la poca voluntad de los empresarios para cumplir con su parte, le facilitaron la tarea. A esta ofensiva mediática se sumó tempranamente el diputado ultrapinochetista Iván Moreira, quien, saliéndose de toda lógica del modelo económico impuesto por su padre putativo, exigió que Zamorano devolviera “los 300 millones de pesos”, que según él abría cobrado. Tiró la piedra y se fue de viaje por el extranjero. Pronto entendieron el mensaje los demás medios de derecha, quienes en sendas reuniones de pauta decidieron una colosal campaña de desprestigio del nuevo sistema. Así fueron creando un clima adverso que con los días adquirió un carácter de psicosis colectiva: usuarios prácticamente secuestraron máquinas para llegar a destino, un enojado pasajero destruyó a golpes un validador, otro agredió a un conductor con un sendo puñetazo en un ojo, un grupo ofuscado pateó en el suelo a un chofer y varios monitores fueron insultados y golpeado. Gracias a la prensa por fin la gente tenía voz y hasta los desviados salieron a la calle a manosear a las muchachas. Curiosamente los viajes aumentaron en tres millones diarios. Como nunca en la vida democrática postdictadura los medios de derecha le dieron tanta tribuna a quien se les pusiera por delante, hasta el punto de que cualquier pelafustán se sentía experto en tránsito. Creció exponencialmente el irrespeto en los momentos en que se necesitaba más cordura. Hasta el periódico The Clinic, del que sus lectores esperan mayor profundidad y suspicacia, lejos de bucear en los objetivos ocultos, se sumó a esta irracional campaña. Este medio cada vez más reciente la ausencia de Patricio Fernández.
Del análisis discursivo de las crónicas de los medios de derecha, se puede deducir claramente su finalidad política. En tan sólo unos días éstos elevaron a los manifestantes casi a la calidad de “justicieros”. Ninguno se refirió a ellos como “vándalos”, “desalmados” o “violentistas”, como habitualmente lo hacen, sino que en esta ocasión sólo eran “manifestantes descontentos con el transantiago”. La guinda de la torta la puso el diario La Segunda, de propiedad de El Mercurio, el día viernes 16 de marzo. Sin siquiera inmutarse ese medio tituló en portada con el “Desgaste de Carabineros” y en su interior un artículo titulado “Quienes son los Bravos que desafía a Carabineros”. Para un estratega esto suena más bien a incitación a la violencia que a información objetiva.
A esas alturas del conflicto, y con una presidenta que regresaba preocupada de su gira al extranjero, la derecha inicia una feroz ofensiva enviando una jauría de periodistas a acosar a las autoridades políticas para preguntar por supuestos rumores inventados por ellos mismos pero adjudicados a una masa inexistente. Ya el sábado 24 de marzo, con una caradurez tremenda, el diario La Tercera publicó en portada los resultados de su propia encuesta: “según un sondeo, el 85 por ciento de la gente quiere cambio de gabinete”.
El lunes 26 de marzo, después de un sábado de furia periodística por el mutismo del gobierno, La Segunda tituló “Santiaguinos en Séptimo Lunes Crítico” matizando sus páginas con fotos seleccionadas de usuarios con cara de amargados. Este mismo medio se hizo eco en portada, como nunca antes, de una convocatoria del FMR llamando a reunirse “frente al monumento de Allende”. La idea la siguieron todos los medios ligados a la derecha y durante el martes y miércoles anunciaron profusamente El Día del Combatiente. Y cual profecía autocumplida, comenzaron a producirse los desmanes. La conmemoración de la muerte de los hermanos Vergara, que todos los años se limitaba sólo a algunos campus universitarios y a la Villa Francia, esta vez se extendió por varias poblaciones y regiones del País. Una vez ejecutado los previsibles desmanes, los medios procedieron a divulgarlos profusamente para “confirmar” el “caos” existente. Cumplido el objetivo, le sacaron el micrófono a los “atormentados” usuarios. Un dato curioso: una encuesta del El Mercurio arrojó que un mayor porcentaje de los no usuarios se mostraban disconformes con el transantiago ¡¡¡Plop!!!
Pero, ¿qué hay detrás de esta constante confabulación de los medios y la derecha política?. El año 1989, cuando el dictador perdió el plebiscito, los dos grandes consorcios periodísticos, COPESA y EL MERCURIO S.A., ambos propietarios de casi todos los medios de comunicación escritos de todo Chile, estaban endeudados hasta el cuello con el Fisco. Antes de irse el dictador les permutó la millonaria deuda por avisaje estatal a futuro, compromiso que duró los primeros años de los gobierno de la Concertación. Una vez concluida la deuda estos consorcios quisieron renovar el contrato, pero la Concertación se rehusó.
De su ira surgió su primera víctima: el presidente Ricardo Lagos con el caso MOP-GATE. Le dieron como bombo en fiesta a Don Ricardo. Hoy le toca el turno a la señora Bachelet con el Transantiago.
El objetivo de todo este ensañamiento, que por lo general arrastra a inocentes, persigue lograr que “de una vez por todas” la derecha gane las elecciones presidenciales y así recuperar los “favores” del Estado. Sólo así sus editores y periodistas obsecuentes tendrán la pega y los buenos sueldos asegurada por muchos años. Como se puede apreciar, detrás de cada fortuna hay un crimen, y esta vez parece no ser la excepción.
Luis Zenteno Mora
z.zenteno@yahoo.es
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